viernes, 27 de marzo de 2015

Elementos (fuego, aire, agua y tierra) versus conflictos y proyectos

El psicólogo Ralph Metzner hizo un estudio de la relación entre elementos (tipos de personalidad) y conflictos. Según sus conclusiones cada elemento metaboliza a su manera los conflictos y los obstáculos. 
Los signos de fuego (Aries, Leo y Sagitario) se crecen y ganan poder ante los obstáculos, los derriban a la fuerza, los queman o los ahuyentan; el tacto y la diplomacia no son virtudes de este elemento.
Los signos de aire (Libra, Acuario y Géminis) tienden a “elevarse por encima del conflicto y a flotar alrededor de él. 
Los signos de agua (Cáncer, Escorpio y Piscis) detestan todo tipo de conflicto, excepto los del signo escorpio, los cuales se motivan ante problemas y retos, así pueden medir su fuerza, su resistencia y sus recursos. Sin embargo los escorpiones guardan silencio para evitar causar más conflicto”.
Los signos de tierra (Capricornio, Tauro y Virgo) desdeñan el conflicto. Prefieren absorber poco a poco el grueso del problema. Son sólidos y cuando se les presiona afrontan el problema resistiendo al máximo.

Para Lois Sargent, los signos de fuego responden con intensidad a los conflictos, prefieren acción directa y actúan por impulso en lugar de deliberar la situación. Los signos de tierra se motivan ante resultados prácticos y útiles, suelen tener mucho sentido común, aunque no siempre lo usen.

Los cuatro elementos nos ayudan a entender el desarrollo de los cualquier acontecimientos de nuestra vida. Por ello es importante no solo entender cada elemento sino el orden en que actúan: 

El fuego actúa rápido, suele ser el primero pues corresponde al impulso inicial. Es innovador y pionero, irreflexivo y arriesgado, el deseo de cambiar para mejorar, una nueva o diferente aventura, o de abrir una vía nueva. 

Después viene el aire con sus reflexiones sobre el nuevo asunto traído a la mente por el fuego, viendo los pros y contras, analizando datos, libros, información, comentarios, opiniones, y la experiencia de otros; el aire hace planes y previsiones, es decir plasma la idea en un mundo mental. 

El tercer elemento es el agua, es la fuerza y la motivación para empezar a actuar, la capacidad de vencer los miedos y lanzarse a hacer cosas, complaciendo a otros, especialmente al fuego, que se muere de ganas de actuar, y al aire, que está mareado de tantos datos y planes, y se encuentra paralizado por tanta información; el agua puede ser brusca e intensa y no necesariamente cuidadosa, más bien busca eliminar todo rastro de lo que había antes. 

Al final está la tierra, el que hace lenta y cuidadosamente el trabajo, sin arrebatos ni golpes bruscos del agua, todo en orden, limpieza, precisión, siguiendo el plan y sin cambios de última hora, listos para repetir el proceso tantas veces como haga falta,  y producir tanto como sea posible.

lunes, 16 de marzo de 2015

Elementos astrológicos para determinar tu tipo psicológico

El conflicto entre opuestos marca profundamente nuestra vida: la lucha entre riqueza y pobreza, libertad y esclavitud, pensar-sentir, rápido-lento, conservador-innovador, realidad-posibilidades, sueño-raciocinio, cabeza-corazón, masculino-femenino, grande-pequeño, frío-caliente, padre-madre, guapo-feo, bueno-malo, divertido-aburrido, o vivo-muerto, son solo algunos de los pares de opuestos que nos presenta la vida.

Cuando vivimos un extremo solemos demonizar el otro. Llega un momento en que la sabiduría nos dice que no hay bueno o malo. El Buda lo pregonaba hace dos mil quinientos años: la clave es la vía media. Pero si cerramos la puerta a Sofía (la sabiduría), en su lugar vendrán enfermedades, pérdidas, aburrimiento u otras circunstancias de la vida que nos desplazarán hacia lo que hemos demonizado.

El conflicto es esencial para el crecimiento psicológico. Según Jung, para nuestro crecimiento psicológico debemos en afrontar, dentro de nosotros, el conflicto entre dos opuestos. Según plantea Patrick Harpur en su libro Realidad Daimónica, el camino enriquecedor consiste en soportar tan conscientemente como nos sea posible, la tensión entre dos opuestos, sin eliminar ninguno,  y manteniéndolos sin resolver. Será doloroso pero honrado. La energía finalmente se retrae del conflicto y se hunde en el inconsciente, de donde emergerá una solución creativa, totalmente nueva e imprevisible.

En mi libro El poder del inconsciente presenté un método para acceder a soluciones creativas ante cualquier problema o conflicto. La solución que el día anterior parecía complicada, por la mañana aparecía por sí sola y sin pensar. Venía como una intuición, como si el alma durante el sueño hubiera accedido a algún lugar dónde le había sido revelada una solución creativa a un problema que parecía irresoluble. La historia está repleta de casos como el mío. Algunos han recibido premios Nobel por fórmulas que han soñado o por experimentos que les han sido revelados durante el sueño.


Tras una exhaustiva investigación en áreas tan diversas como la mitología, las religiones (gnosticismo, paganismo, cristianismo), la filosofía (Nietzsche, Schopenhauer, William James, etc.) e incuso la astrología, el psicólogo suizo Carl Gustav Jung (1875 - 1961) redujo a cuatro las funciones como la mente humana encara la vida: pensamiento o sentimiento, percepción o intuición. Cada una corresponde con un tipo psicológico:

INTUITIVO – SENSORIAL y PENSAR – SENTIR

Nuestro crecimiento psicológico depende de cómo lidiamos y armonizamos contrarios y los tipos psicológicos son la baza para encarar nuestra lucha contra los elementos. Como las dos caras de una moneda, los cuatro tipos psicológicos forman dos pares de opuestos. Siendo ambas válidas, el conflicto aparece cuando manejar las al mismo tiempo nos parece imposible.
El pensar y el sentir se oponen. Cuando pensamos usamos la lógica y censuramos nuestros sentimientos; y a la inversa, cuando sentimos nos suele importar poco la razón. Una persona puede pensar con la cabeza o con el corazón.


Ocurre lo mismo con la intuición y la percepción. La intuición detesta la realidad y las limitaciones del mundo real, y le fascinan las posibilidades y las nuevas opciones; en cambio para la percepción sólo existe la realidad, lo palpable, y huye de quimeras y especulaciones. Lamentablemente cuando un tipo se junta con su opuesto, suele haber tensión y conflicto.

lunes, 9 de marzo de 2015

Arquetipos: dioses y símbolos astrológicos

Símbolos astrológicos y la forma humana de los arquetipos

A medida que la idea de Zeus iba aposentándose en el Olimpo, dos diosas estaban sentadas junto a él: Temis, lo justo o la justicia divina y Diké, la justicia humana. En la simbología astrólogica, Diké a veces se asocia con el signo de Virgo. Según la Teogonía de Hesíodo, Diké era hija de Zeus y Temis, la segunda consorte de Zeus, y ambas representaban la justicia: Temis la divina y Diké la humana. Más tarde, en Roma, la justicia sería representada como mujer, con una balanza en la mano derecha y una espada en la izquierda. A partir del siglo XV se la empezaría a representar con los ojos vendados. Finalmente la diosa de la justicia ha quedado asociada al signo de Libra.

Quizás los dioses griegos, tan populares y cuyas historias son motivo de estudio e inspiración, sean el primer intento de dar forma humana a los dioses como poderes superiores a los hombres. Los arquetipos son precisamente eso: poderes invisibles superiores a nosotros cuyos símbolos son capaces de controlar y alterar nuestro destino.

En tiempos de Platón, esos dioses Olímpicos antropomórficos (con forma humana), cuyo éxito y supervivencia pasó por ir absorbiendo diferentes cualidades de otros pueblos, ciudades e incluso tribus donde había un culto parecido, tuvieron que adaptarse a toda una serie de deidades astrales vinculadas con planetas, astros y constelaciones que procedentes de Babilonia penetraron en Grecia. ¿Cuál sería el dios griego asociado con el babilónico dios guerrero Nergal? ¿Quién se correspondería con el sol babilónico Shamash? ¿Quién ocuparía el lugar de Marduk, patrón de Babilonia?

Detrás del símbolo, encontramos al arquetipo. Y vemos que el símbolo genera tanto religión como superstición. La diferencia entre ambas radica en que la superstición degrada el culto, pues cambia las creencias en meros hechos y suposiciones, las cuales funcionan y pueden ser activadas sin un propósito superior, sin esfuerzo, sin luchar por ello ni hacer ningún cambio ni ninguna transmutación, sin tener en cuenta el beneficio o la mejora, tanto de uno mismo, como de los demás. La religión en cambio busca un propósito superior, hay una verdad más allá la cual no podemos ver, tan solo intuir. Los conceptos usados por la religión quizás sean inadecuados en la mayoría de los casos, porque la verdad está más allá de los símbolos y los ritos. En realidad la verdad no es algo que tengamos que conquistar, quizás baste tan solo con perseguir.

Ocurrió lo mismo con los dioses del Olimpo, quizás podían ser adorados pero no eran más que metáforas, símbolos de un poder superior que todavía no podía ser concebido por los seres humanos.

lunes, 2 de marzo de 2015

Que es un arquetipo

La palabra arquetipo es griega: «arque» significa origen, principio o causa principal;  «tipo» significa algo que ha sido imprimido, moldeado o formado por un golpe brusco. Caprichosos y a veces fatalistas, los dioses de antaño son ahora arquetipos: sus leyes regían nuestro destino y su energía divina ponía a prueba nuestro temple. En realidad, los dioses y monstruos de la mitología y de las tradiciones religiosas son repeticiones y variaciones de unos pocos arquetipos.

El mundo psíquico es inmenso y abarca mucho más que nuestro consciente. El psicólogo suizo Carl Gustav Jung (1875 - 1961) describió nuestra consciencia como una pequeña isla en medio del océano inconsciente. Quizás ése era el mundo real, y nuestro pequeño mundo consciente un sueño.

Aunque hoy lo denominemos “plano astral”, para Jung ese vasto océano era el inconsciente colectivo. Como el término sonaba muy racional y neutro, en su autobiografía buscaría alternativas como “maná”, “dios”, "daemon", o simplemente “ángel”.

No podemos ver a los ángeles, ni las ondas de radio o televisión, tampoco nuestras emociones y sin embargo existen y están muy presentes. Quién nos hace comer chocolate de manera compulsiva, o fumar, sabiendo lo perjudicial que resulta. Según la ciencia médica, alguna molécula es la responsable; la nicotina o el azúcar crean la dependencia. Al final el desequilibrio llega a poner en riesgo nuestra salud.

Jung dio a los arquetipos el apodo de «dominantes» y los consideró puntos nodales invisibles ubicados en el inconsciente colectivo. Los arquetipos son atemporales y pertenecen a un mundo psíquico cuya contenido nos emociona, apasiona y conmueve. Considerados los órganos de la psique, los arquetipos funcionan como campos magnéticos emitiendo constantemente energía psíquica. Por esa razón se les equipara con “centros de energía” que transforman los procesos psíquicos en imágenes.

Las imágenes procedentes de los arquetipos llegan a nuestra mente en forma de sueños, intuiciones y símbolos. De esta forma se hacen perceptibles a nuestra mente. Mucho más que una simple imagen, un símbolo es una manifestación de la energía del arquetipo, una señal cargada de emoción capaz de movernos a actuar.

Las imágenes generadas por los arquetipos son símbolos que suelen derivar en mitos. La mitología humana ha producido símbolos similares tanto en épocas diversas y como en países diferentes incluso sin haber contacto aparente entre ellos. Los investigadores de mitología denominan a los arquetipos «motivos».

Al inconsciente colectivo, Jung solía compararlo con el mar, imagen que aparece por igual en sueños individuales como en mitos primitivos, donde el océano es representado a menudo como un universo-espejo que contiene reflejos de lo que hay en la Tierra. 

De hecho, Jung vislumbró una serie de puntos nodales invisibles ubicados en el inconsciente colectivo. Aunque preliminarmente los apodó «dominantes», finalmente los llamó arquetipos y sospechó que contendrían mucha más energía de la que podríamos manejar consciente y racionalmente.

De hecho, tanta energía psíquica, grandiosa y divina numinosa— nos trasciende y sobrepasa al ego. Además de obligarnos a dejar de ser inconscientes y egoistas, el arquetipo nos hace mejorar y ser más íntegros. Nos refina y transforma mediante esos símbolos que constantemente nos envían. En la antigüedad, los mitos servían para contener esa energía. 

La transferencia proveniente de los arquetipos no pertenece al reino humano. Por ello necesitamos buscar un vehículo apropiado para esa grandiosidad, y aunque mucha gente lo encuentra en la iglesia, otros prefieren las ideologías. Cuando una ideología llega a ser numinosa puede ser portadora de energía grandiosa.
Por tanto, un posible efecto tras recibir esa energía puede ser o bien narcisismo, sentimientos de grandiosidad o ego inflado. Cualquiera de nosotros es víctima potencial de la grandiosidad porque todos tenemos acceso a esos poderosos centros de energía.

Detrás de muchos de nuestros problemas psicológicos están los arquetipos. Aparecen en forma de psicosis cuando los complejos se convierten en entidades con vida propia que nuestra voluntad no puede dominar, o con paranoias que anticipan al arquetipo por todas partes. Aparecen también en forma de neurosis cuando nos causan problemas nerviosos: trastornos compulsivo-obsesivos, ansiedad, fobias y depresión. En los planetas orbitando a una estrella, Jung halló el origen de los complejos: el arquetipo, el cual se comporta como una estrella capaz de hacer girar nuestros pensamientos alrededor de ella.